Estándares de espirometría de 2019
16 sept. 2021· 9 min read

La vuelta al cole con la COVID-19 

Si se toman determinadas precauciones de seguridad, podemos permitir a la próxima generación volver al cole de manera segura.

La variante delta de la COVID-19 empieza a propagarse y parece ser más peligrosa para los niños que las variantes conocidas hasta ahora, por lo que padres y madres, profesores, pediatras y otros profesionales tratan desesperadamente de encontrar el equilibrio justo. La salud y la seguridad de los niños son fundamentales, pero, ¿qué sucede con todos los aspectos intangibles que derivan de la experiencia escolar? ¿Cuál debería ser el formato de enseñanza cuando un contagioso virus respiratorio se pasea a sus anchas entre la población? Por suerte, a lo largo del último año de «escuela pandémica» hemos aprendido mucho. No tenemos la respuesta definitiva a todas las preguntas, pero sabemos lo suficiente para orientarnos con cierto criterio.

¿Zoom o presencial? 

En gran parte de los Estados Unidos, el último semestre del curso académico de 2019-2020 y gran parte del curso escolar 2020-2021 se desarrollaron principalmente en línea. Aunque algunos niños progresaron sin especial dificultad en este entorno, para otros, la situación supuso serios problemas. Yo mismo fui testigo de esta situación. Mis dos hijos mayores (ambos en el instituto, en distintos niveles) no lograban sentar cabeza y se sentían frustrados por la falta de conexión e interacción con el resto de compañeros. Sin embargo, el más pequeño, todavía en la escuela primaria, logró mantener todas sus relaciones a través de las distintas redes sociales y, ¡nunca antes había tenido tan buenas notas! Esta situación se repitió en todos los hogares durante los cursos pasados, y las estrategias de aprendizaje en línea pusieron de manifiesto la existencia de importantes desigualdades en el ámbito educativo, como el acceso a internet en los hogares y el cierre de bibliotecas y otros espacios públicos que solían suplir la falta de acceso a la red.* Además, este entorno de aprendizaje, totalmente nuevo para la mayoría de niños, conllevó la aparición de nuevos problemas o empeoró otros aspectos del día a día (como la inseguridad alimentaria). En la mayoría de casos, la concentración brillaba por su ausencia, debido al estrés latente en los adultos y a la falta de contacto social derivada de las distintas restricciones de confinamiento. Curriculum Associates, una organización de investigación sobre educación observó un retroceso significativo en los resultados académicos de los niños y niñas que empezaban el primer ciclo de educación primaria en 2020 en los Estados Unidos. Este impacto en los resultados de aprendizaje parecía ser más habitual entre los más jóvenes, especialmente entre los 7 y los 10 años, en los que se observaba un retroceso de unos dos cursos respecto a su nivel.* Además, la ausencia del contexto social habitual en el ámbito escolar ha hecho aflorar importantes problemas de salud mental en toda la población, especialmente en los entornos históricamente más desfavorecidos.*

Año nuevo… ¡estrategias nuevas! 

Ahora, en 2021, al menos sabemos cómo mejorar las medidas de seguridad. Por ejemplo, aunque los centros educativos han sido el foco de algunos brotes, la tasa de transmisión en los colegios suele ser más baja que la comunitaria,* especialmente cuando se siguen las recomendaciones para evitar la propagación de la pandemia de organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia  (UNICEF), y los  Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos. Teniendo en cuenta todo lo aprendido hasta ahora sobre los riesgos y los beneficios de la educación presencial, la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) ha concluido que, en la mayoría de casos, la educación presencial presenta más beneficios que riesgos. De hecho, según esta organización, los debates políticos sobre educación deberían partir siempre del objetivo de mantener la seguridad en las aulas. Los CDC coinciden con esta recomendación e indican que «la reapertura de las aulas en otoño de 2021 es una prioridad».*

Pero, ¿qué significa realmente «seguridad en las aulas»? Durante los últimos 18 meses, la mayoría de centros han dedicado gran cantidad de recursos para mejorar la ventilación, desarrollar planes de transporte y poner en práctica otras estrategias. Aunque la combinación de estrategias depende en gran medida de la situación en cada comunidad, en todo el país se están aplicando distintas variaciones de estas estrategias. Esto crea un modelo de reducción de riesgos conocido como «el modelo de queso suizo», es decir que aunque en una capa se abra un agujero, la capa siguiente actuará como barrera. Después de un año conviviendo con la COVID-19, la mayoría de estas «capas» resultan más que familiares:

  • Uso generalizado de la mascarilla en interiores De acuerdo con los CDC, la mascarilla es obligatoria en el centro escolar para todas las personas de más de dos años de edad. Este punto ha generado intensos debates, puesto que hay quienes consideran que las mascarillas no son apropiadas o aptas para los niños más pequeños. Sin embargo, tanto los especialistas médicos como los del sector de la educación coinciden en que los niños son perfectamente capaces de llevar mascarilla, independientemente de su edad, sobre todo cuando lo hacen por imitación del comportamiento de los padres, los profesores u otras personas adultas referentes o modelos.* El uso de la mascarilla es especialmente importante en interiores, ya que ayuda a limitar la propagación del virus de pacientes asintomáticos y reduce el riesgo de infección en las aulas. Dado que ninguna de las vacunas disponibles está aprobada en ningún contexto para los niños menores de 12 años, y la velocidad de transmisión de la variante delta parece afectar más a los niños que las versiones anteriores, las mascarillas son ahora más importantes que nunca.
  • Vacunación Actualmente, la vacunación está abierta a todas las personas a partir de los 12 años. Los preadolescentes deben seguir esperando a que se apruebe alguna vacuna para su franja de edad. Esto implica que los estudiantes de instituto pueden beneficiarse de una de las estrategias contra la expansión de la COVID-19 más eficaces existentes hasta la fecha, lo cual también supone una ventaja, ya que se ha observado que, en estas edades, los niños tienden a ser menos constantes con el uso de las mascarillas.* Por supuesto, a fin de garantizar la seguridad general en los centros escolares, resulta igualmente esencial fomentar la vacunación entre el personal docente, administrativo y otros miembros del personal.
  • Pruebas y seguimiento Si hay algo que hemos aprendido a lo largo de estos meses de convivencia con el virus SARS-CoV-2 es que tiene una gran habilidad de resistencia, por lo que, aunque se apliquen estrictas medidas de retención para impedir su propagación, resulta inevitable que aparezcan nuevos focos. Los programas de detección y la realización de pruebas de manera habitual pueden ayudar a identificar pacientes asintomáticos en el centro y detectar antes los posibles brotes. Los CDC recomiendan realizar campañas de detección semanales en las zonas con una tasa de transmisión media, importante o elevada (lo cual supone aproximadamente un 98 % de los Estados Unidos a fecha del Día del Trabajo). El uso de pruebas rápidas (que permiten la obtención de los resultados en 24 horas) también ayuda a identificar los focos y ofrece una información más fiable para los administradores y los funcionarios de salud pública que pueden ajustar el resto de estrategias en función de los resultados obtenidos para dar una mejor respuesta a las necesidades de los centros educativos y de las comunidades.
  • Otras estrategias Hay muchas otras estrategias o «pequeños gestos» que pueden adoptarse para apoyar estas iniciativas. La ya generalizada «distancia social» unida al uso de la mascarilla para reducir la propagación a través de las secreciones que se emiten al toser o estornudar. Los CDC recomiendan intentar que los niños se mantengan, al menos, a un metro de distancia entre sí, siempre que sea posible, mientras que la recomendación para los adultos es de mantener 2 metros de distancia. Los CDC también disponen de recursos para ayudar a los centros escolares a actualizar sus sistemas de ventilación, para reducir la presencia de partículas víricas en suspensión en lugares cerrados. Estos recursos se unen a otras estrategias más sencillas como la ventilación natural cruzada abriendo puertas y ventanas siempre que sea posible. Puede consultarse su sitio web para más información al respecto: https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/community/schools-childcare/k-12-guidance.html. Por supuesto, no deben olvidarse las buenas prácticas ya adquiridas como son el lavado de manos frecuente o quedarse en casa si se advierte la presencia de síntomas.

¿Qué pasa con las extraescolares? 

El programa educativo no puede reducirse a las aulas. Gran parte del aprendizaje se adquiere en campos deportivos, salas polivalentes y otros centros en los que los niños y niñas de todas las edades realizan multitud de actividades extraescolares. El año pasado, la mayoría de estos programas se cancelaron o tuvieron que modificarse notablemente, lo cual redujo aún más si cabe las posibilidades de realizar actividades físicas y dar rienda suelta a la expresión creativa de los niños. Por suerte, este año, sabemos que muchas de las estrategias que tenemos a nuestra disposición para luchar contra la propagación del virus también pueden aplicarse a otros entornos fuera de las aulas. Durante los meses de otoño, muchos de los deportes se practican en exterior, el único lugar en el que la COVID-19 tiene más dificultades para propagarse. Debemos seguir prestando atención, principalmente en los vestuarios, alrededor de los puntos de venta u otros puntos de encuentro, pero si se siguen las recomendaciones que ya conocemos, podemos permitir que se mantengan este tipo de actividades. Del mismo modo, el uso de las mascarillas en interior puede permitir mantener las actividades en las que tienden a producirse más secreciones, como los grupos musicales o los coros o los deportes de interior. Si los participantes y los espectadores siguen el modelo del «queso suizo» ya mencionado, en principio no debería haber ningún problema para que las actividades se desarrollen con normalidad a lo largo del año.

Aprender con precaución 

A día de hoy tenemos muchísimos más conocimientos sobre la COVID-19 de los que teníamos a principios del año pasado y hemos tenido un año para preparar las aulas y adaptarlas a la nueva situación. Sin embargo, los debates sobre qué es lo mejor para los estudiantes siguen levantando ampollas. Como sucede con cualquier tema en el ámbito de la salud, no existe una única solución que se adapte a todos, ni es posible avanzar y superar la pandemia simplemente deseando que pase de largo. Sin embargo, hemos podido observar que si tomamos ciertas precauciones básicas, seguimos las recomendaciones basadas en la evidencia y respaldadas por los especialistas y mantenemos un espíritu comunitario, podemos conseguir que la próxima generación vuelva a la escuela con normalidad.

Michael Hess
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