Estándares de espirometría de 2019
9 ago. 2021· 8 min read

Tratamiento de las afecciones respiratorias durante el verano

Los cambios estacionales pueden afectar a la respiración y es importante saber qué hacer para reducir los efectos que puedan producirse.

Nos encontramos en el punto álgido del verano en el hemisferio norte. Gran parte de la población se alegra de llegar por fin a ese momento del año en el que llega el calor y se puede salir tras los fríos meses de invierno encerrados en casa. Especialmente este año, después de lo que esperamos que sean los últimos coletazos de la pandemia de la COVID-19, el verano llega con muchas ganas de vacaciones y de relax.

Pero, claro, las neumopatías crónicas no suelen irse de vacaciones. Y lo que hace que el verano se una estación tan agradable para muchos, lo convierte en un calvario para quienes padecen asma, EPOC, u otras afecciones respiratorias. Si usted (o algún amigo o familiar) padece alguna de estas enfermedades es importante que sepa cómo pueden afectar los cambios estacionales a la respiración y qué hacer para reducir sus efectos. Así podrá volver a disfrutar del verano lo antes posible.

Desencadenantes

¿Por qué el verano es tan propenso a la aparición de alergias y a la agudización de otros síntomas? En general se debe a que hay más partículas flotando por el ambiente. Las partículas en suspensión –desde ácaros a esporas de moho o caspa de animales– se encuentran dispersas en el aire ambiental en cualquier momento del año. Pero cuando la naturaleza empieza a despertar tras el frío invierno, la concentración de partículas flotantes como el polen en el aire ambiental puede ser realmente alta. Además, como en esta época la gente también empieza a pasar más tiempo al aire libre, aumenta la exposición a otras sustancias contaminantes, como el humo de las fábricas, el de los coches o incluso el de incendios forestales. Los factores que pueden provocar una agudización de los síntomas pueden variar de una persona a otra; por ello, resulta esencial detectar el momento en el que aparecen los síntomas para controlarlos y es importante estar pendiente para detectar las tendencias. Veamos algunos de los desencadenantes más frecuentes para personas con alergias, asma u otras afecciones respiratorias.

  • Polen
    El polen forma parte esencial del ciclo reproductivo de las plantas y es uno de los factores desencadenantes más habituales. Lo que muchos no saben es que hay distintos tipos de polen y que cada uno de ellos puede ser más o menos frecuentes según la época del año. Según el American College of Allergy, Asthma, and Immunology (ACAAI), algunos árboles inician el periodo de polinización durante la primavera; entre finales de la primavera y principios de verano, empieza la época de polinización de las gramíneas, y, en muchas zonas, les sigue la polinización de las ambrosías.* Por supuesto, esta distribución variará enormemente en función de la zona geográfica y las condiciones climáticas. Por ejemplo, en las zonas más cálidas, el periodo de polinización de las gramíneas puede extenderse durante gran parte del año y si los inviernos son suaves, las plantas pueden empezar a florecer antes de lo habitual en las zonas más templadas. Los hallazgos de un un estudio reciente –publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences(PNAS)– tampoco son muy prometedores para las personas más sensibles al polen. Según se indica en este estudio, el cambio climático parece estar alargando las épocas de polinización y, en general, las concentraciones de polen son más elevadas.*

    Por suerte, la ACAAI también indica qué hacer para evitar al máximo el polen, el moho u otras partículas irritantes de origen vegetal. Por ejemplo, la concentración polínica suele ser más elevada por la mañana, por lo que organizar las actividades al aire libre más tarde durante el día ayudaría a reducir la exposición al polen. Del mismo modo, si se tienen en cuenta los factores meteorológicos (la concentración polínica suele ser más elevada en días de viento y justo después de llover) puede reducirse el contacto con las partículas de polen. Por supuesto, existen distintos tipos de medicamentos disponibles que ayudan a reducir los síntomas o incluso la sensibilidad a estos factores.
  • Alerta de tormenta
    Muchas personas con problemas respiratorios crónicos se sorprenden al ver que no son los únicos que observan cambios en sus síntomas en función de las condiciones meteorológicas. No obstante, en varios estudios –entre ellos el publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) en 2020* – se habla de la existencia de un “asma de tormenta”. En este estudio se observó que, sorprendentemente, las visitas al servicio de urgencias por problemas relacionadas con un empeoramiento de los síntomas respiratorios se recibieron 24 horas antes del inicio de tormentas eléctricas en la zona. Se desconoce qué es exactamente lo que provoca este fenómeno. Hay quienes lo atribuyen a cambios en las partículas debido a la contaminación atmosférica o a cambios relativamente bruscos de temperatura relacionados con la tormenta que se avecina. La física también podría tener una explicación; las tormentas suelen estar relacionadas con zonas con una presión barométrica relativamente baja, y cuanto menor sea el gradiente de presión entre el tórax y la atmósfera, más difícil puede resultar realizar el proceso respiratorio.* Este cambio puede ser muy sutil e incluso resultar imperceptible para muchos, pero para las personas con una reserva inspiratoria mínima puede ser significativo.

    Como cabría esperar, puesto que los fenómenos meteorológicos están fuera de nuestro control, evitar una agudización de los síntomas por causas meteorológicas puede ser muy complicado. Lo único que puede hacerse en estos casos es estar pendiente de las previsiones meteorológicas para estar preparados.
  • Partículas flotantes
    Las partículas flotantes son otro fenómeno atmosférico, menos espectacular que los anteriores, pero que también puede provocar problemas. Por supuesto, el calor y la humedad por sí mismos pueden ser problemáticos, pero hay otros culpables menos evidentes en el ambiente. Todos sabemos, en mayor o menor grado, qué es la capa de ozono, una capa natural de O3 que se encuentra a varios kilómetros de altura en la atmósfera y que protege a nuestro planeta de las radiaciones ultravioletas. Pero, cuando el ozono se forma más cerca de la superficie puede provocar la inflamación de las vías respiratorias que, a su vez, puede desencadenar una intensificación de los síntomas. Los días más calurosos, en los que no sopla el viento, es fácil que el ozono se forme cerca de la superficie y llegue a los pulmones.

    De nuevo en este caso, la única manera de reducir los síntomas es evitar la exposición. Cuando está a punto de desatarse una tormenta eléctrica o cuando se activa una alerta por “índices elevados de ozono” es preferible permanecer en espacios cerrados.* Las actividades al aire libre pueden llevarse a cabo pronto por la mañana o a última hora de la tarde y deben evitarse actividades que puedan producir ozono, como pintar o utilizar máquinas de pequeño tamaño, como las máquinas cortacésped. Al igual que cuando se avecinan tormentas o cuando hace mucho calor, es preferible trasladar el máximo de actividades a ambientes cerrados, donde puede controlarse la temperatura y el nivel de humedad mediante aparatos de aire acondicionado o ventiladores.

Cómo prepararse

Reconocer y evitar los desencadenantes solo es el primer paso para reducir el impacto de los síntomas y mejorar la calidad de vida. Es importante establecer un programa de ejercicios, mantener un nivel de hidratación adecuado y crear rutinas diarias para hacer frente al calor, la humedad y la electricidad propias de la época estival. Quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas (y sus cuidadores) deben estar familiarizados con los recursos locales que pueden ayudarles a evitar los días que pueden provocar una agudización de los síntomas. Por ejemplo, el sitio web www.pollen.com contiene mapas y previsiones de los niveles ambientales de polen en el territorio continental de los EE. UU. y enlaces a aplicaciones y otros recursos para ayudar a detectar los síntomas e identificar los alérgenos desencadenantes (Un equivalente en España sería el siguiente sitio web: https://www.polenes.com/es/home). El sitio web www.AirNow.gov, de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, proporciona información por municipio sobre la calidad del aire, la situación meteorológica actual y las previsiones meteorológicas (En el sitio web de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) también puede accederse a esta información sobre los municipios del territorio español: http://www.aemet.es/es/eltiempo/prediccion/avisos). Las emisoras de radio y los canales de televisión locales también proporcionan esta información, especialmente las alertas por índice elevado de ozono. Es importante también estar en contacto con el equipo médico para poder crear un plan de acción en caso de condiciones atmosféricas adversas. Una opción de último recurso siempre puede ser preparar la maleta y hacer una escapada a otro sitio si la situación resulta realmente insoportable.

Cómo luchar contra el calor

Como suele pasar, para poder tratar una agudización de los síntomas es necesario, en primer lugar, saber reconocerlos lo antes posible, disponer del tratamiento adecuado y evitar que se produzcan en un futuro. El tratamiento de las agudizaciones en verano no es muy distinto al tratamiento habitual, pero los factores desencadenantes pueden ser difíciles de identificar. Sin embargo, si se controlan los síntomas y se está informado sobre la situación meteorológica y atmosférica y se mantiene el contacto con el equipo médico, las personas con problemas respiratorios crónicos no solo lograrán luchar contra el calor, sino que podrán disfrutar de esta magnífica estación.

Michael Hess
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